Ciclos de Violencia, aquí te digo cómo terminar con ellos.

Cómo inician los Ciclos de Violencia.

Nuestro instinto de justicia nos lleva a defender a quien consideramos más débil o necesitado. Cuando esa “justicia” se sale de equilibrio puede generar estos ciclos de violencia.

Al relacionarte con los demás lo que quieres es que haya equilibrio y justicia. Ya sea una relación de pareja, de familia o de un grupo.

Cuando alguien te provoca un daño lo que deseas es que esa persona reciba un castigo por lo que hizo. Te sientes con el derecho de regresarle el daño que causó. Mientras más grande sea el daño que has sufrido, te sientes con más derecho a regresar ese daño, causando un mal a la otra persona o grupo.

Al buscar justicia lo que quieres es que el otro sea castigado.
Quieres que pague por lo que hizo, que sufra como tú has sufrido.

El problema es saber cuánto es la medida justa para “cobrarse” el daño. El otro puede sentir que es demasiado el castigo que está recibiendo o que tal vez no lo merece. Esto es porque ni siquiera está consciente del daño que causó. Entonces esta persona se siente con el derecho también de regresar el daño recibido.

Como puedes darte cuenta, medir el daño y el sufrimiento es totalmente subjetivo.

Y así empieza el ciclo de violencia. Empezamos como víctimas y nos sentimos con el derecho de castigar al otro. Luego nos convertimos en perpetradores y el otro en víctima. Y así se genera este ciclo víctima-perpetrador en el que, por desgracia, cada vez hay más violencia.

Aun cuando no seas tú quien ha recibido el daño, pero piensas que el otro no tiene la capacidad de defenderse, te puedes sentir atraída u obligada a hacer algo por esa víctima. Aquí también inicia un ciclo de violencia.

 

La Solución para terminar con los Ciclos de Violencia.

El primer paso.

Deja de ver a uno como el “bueno” y el otro como el “malo”. El perpetrador y la víctima son los 2 polos opuestos de un todo. Y todos tenemos esos 2 polos.

Si te sientes mejor persona que el “malo”, te pones por encima de él. En esta situación cargas con lo que le corresponde a esa persona o grupo: su culpa, obligaciones y responsabilidades.

Ambos polos o personas o bandos tienen el mismo valor. Lo que le parece bien a uno puede disgustarle al otro, aun así, tienen igual fuerza y poder y puedes entender que sólo hay diferentes puntos de vista.

Cuando logras ver igual de valiosos a ambos polos, el perpetrador deja de ser el grande y el fuerte y la víctima puede recobrar su poder y deja ir su miedo.

Cuando has sido víctima, reconoce ese miedo, dolor o tristeza que estés sintiendo. También experimenta el polo opuesto, el del perpetrador: el enojo, la fuerza y las ganas de castigar.

De esta forma estás en contacto con ambos polos, sin excluir emociones de ninguna de las dos partes, dando trámite a todo lo que sientes. Este es un trabajo interno que te lleva a encontrar paz y cerrar este ciclo.

Esto no quiere decir que vas a dejar de tomar las medidas necesarias para cuidarte y protegerte, como avisar a la policía y tomar precauciones necesarias, poner límites y estar en lugares seguros.

Si rechazas alguno de los dos polos, lo excluyes y entonces este tipo de situaciones se presentarán más frecuentemente en tu futuro, ya que vas por la vida con la energía de víctima o de perpetrador.

Los conflictos seguirán existiendo, pues son parte de la vida, pero estando en paz dejas de repetir el patrón de la víctima o del perpetrador y podrás enfrentarlos con sabiduría, sin engancharte.

El segundo paso.

Reconcíliate contigo mismo, con lo que eres, con tu origen y con tu destino; esto te llena de fuerza y de armonía, pues reconoces partes de ti que estabas ignorando o hasta rechazando.

Todos nacemos dentro de un grupo en específico y además de tomar la vida de nuestros padres también tomamos su idioma, sus creencias, su religión, su cultura y sus costumbres.
Cada persona es lo que es de acuerdo a sus orígenes.

Cuando puedes ver al otro con todo eso que heredó de sus padres (creencias, cultura, lenguaje y religión) tu visión se amplía y podrás entender porque esa persona piensa y actúa como lo hace. Lo cual no lo libera de su responsabilidad.

Cuando eres capaz de ver al otro con respeto y dignidad, sucede lo siguiente:

1. Le permites asumir la culpa y responsabilidad de sus actos. Imagina que le entregas lo que hizo y tendrá que responsabilizarse ante algo más grande (la vida, el universo o Dios).
2. Renuncias a querer hacer justicia. Pues esa deuda la pones en manos de Dios, de la vida o del Universo, él se encargará.
3. Te haces cargo de tu herida. De tu dolor, te permites vivir tu duelo y enojos, cierras ese ciclo y creces en consciencia.

Tercer paso.

Trata de desvincularte de tu grupo para expandir los límites de tu consciencia y poder ver al otro como individuo, reconociendo su dolor y sus pérdidas, porque también las tiene.

Te darás cuenta de que estás mejor si te abres a aprender de lo que es diferente a ti.

El reto que tenemos es aprender a valorar y respetar las diferencias de género (masculino, femenino), orientación sexual, país de origen, religión, nivel de educación escolar, nivel socio-económico, raza y nivel de consciencia, pues todos nos complementamos y todos somos dignos de respeto.

Adaptado del Diplomado “Sanando la Familia» de Magui Block® basado en el trabajo de Bert Hellinger.

 

Para terminar con ciclos víctima-perpetrador tengo
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«LA PAZ»

La paz que buscamos no depende de lo que sucede a nuestro alrededor.
Es un camino que comienza dentro de cada uno de nosotros.

Esta paz se ve reflejada en la forma en que pensamos, en nuestras emociones y en las acciones que llevamos a cabo día a día, sobre todo cuando enfrentamos situaciones o personas desafiantes.

El TALLER ya está disponible.

Los objetivos de este taller son:

  • Reconocer qué te lleva a relacionarte con personas que generan violencia.
  • Descubrir los asuntos no resueltos que te llevan a esas situaciones.
  • Integrar patrones positivos que te ayuden a transformarte y generar paz en ti.

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